El nombre latino de los pinos, Pinus (ver), fue mantenido por Linneo (ver) como su nombre científico y deriva, según algunos, del celta pin: montaña, roca, por la facilidad con que algunas de sus especies viven en terrenos descarnados; pero según otros autores derivaría de pitu, nombre sánscrito del pino. Pinaster era el nombre romano de un pino silvestre y está formado añadiéndole al nombre del pino el sufijo aster, que denota parecido imperfecto y fue muy empleado para componer los nombres con que se designaba a las razas silvestres de las plantas cultivadas. Esta especie de pino, es de las más empleadas en repoblaciones, como bien podemos comprobar en el Territorio Natural de la Universidad de la Tierra de Arévalo. En el dominio particular y sobre todo en el territorio del dominio público, el pino resinero es la conífera más abundante. La zona de pinares también conocida en algunos círculos como La Piñonería, alberga interesantes masas, más o menos extensas y más o menos compactas, formando un ecosistema particular sobre suelos generalmente ácidos y provistos de bancales de arenas cuaternarias.

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Florece en primavera, de abril a mayo, madurando las piñas a finales del verano o en el otoño del segundo año; pero no disemina los piñones hasta el tercer año, en primavera o verano.
Entre las plagas y enfermedades más conocidas están los taladros, la Oruga procesionaria, el parásito muérdago y las malformaciones llamadas escobas de brujas producidas por un hongo.
Su hábitat peninsular se sitúa desde el nivel del mar hasta unos 1500 m de altitud, principalmente sobre suelos desprovistos de cal, prefiriendo los sueltos y arenosos en los que soporta la caliza (dolomías cristalinas); es planta amante de la luz y resistente a la sequía y a las heladas asociándose frecuentemente a jaras, brezos y retamas. En estas últimas décadas se ha extendido de forma artificial mediante repoblaciones por cambios de cultivo, reforestaciones en tierras agrícolas o la propia ordenación de los montes públicos.
Es la tercera especie en cuanto a la superficie ocupada en España, y la segunda dentro de las coníferas. Sus masas resineras más conocidas están en las provincias de Soria, Burgos, Valladolid Segovia, Ávila y Madrid. Se estima que su población estatal ronda las 1.350.000 Has.
Es España existen dos subespecies: Subespecie Atlántica o Marítima (noroeste, Galicia), con crecimiento rápido, varios dentro del año, menor talla, menos resina, corteza más delgada y temperaturas menos extremas y la Subespecie Mesogensis o Mediterránea, presente en nuestra comarca.
Un aprovechamiento muy extendido, hasta no hace mucho tiempo, era la extracción de la miera o resina, la principal fuente de obtención de la trementina común para uso comercial e industrial. El sangrado de los pinos se realizaba mediante grandes incisiones longitudinales con herramientas específicas. Hoy en día la resinación es testimonial, los métodos han ido evolucionando y los derivados del petróleo han sustituido paulatinamente este producto natural. Arévalo, Tiñosillos, El Bohodón, Villanueva de Gómez, Nava de Arévalo, San Vicente de Arévalo, Pedro Rodríguez, Cabezas de Alambre, principalmente entre otros territorios, albergaron gentes trabajadoras y pacientes que en las épocas de estiaje, de pino en pino, iban recogiendo ese fluido pegajoso a veces incoloro o dorado para almacenarlo sobre las cubas que posteriormente se trasladaban para su destilación. Coca, Navas de Oro y Nava de la Asunción en Segovia, Olmedo, San Pablo de la Moraleja, Ramiro y La Zarza en Valladolid, entre otras localidades cercanas, han compartido estas actividades sobre un nexo común de unión y referencia como es la duna continental sobre la que se asientan. Una duna continental de arenas ya muertas procedentes de acciones eólicas y accidentes geográficos por la fragmentación del sílice del sistema central, profusamente arrastradas por las corrientes fluviales a lo largo de miles de años.
Fotografía: V. Coello / Lámina: David García
Galérida Ornitólogos