jueves, 20 de mayo de 2010

Manifiesto por la nueva cultura del árbol

Desde los tiempos más remotos, la relación entre el ser humano y la naturaleza en nuestro Planeta fue de colaboración y armonía, de equilibrio entre el uso de los recursos y su conservación. Durante los dos últimos siglos se creyó, no obstante, que el importantísimo desarrollo que nos llevó a alcanzar la luna, volar en veloces aviones, explosionar bombas atómicas, construir bárbaramente, alterar ecosistemas terrestres y marinos, extraer minerales y talar árboles sin mesura, respondía a una relación de poder antropocéntrico sobre los recursos de la Tierra, sin límites, sin control, sin evaluaciones y, sobre todo, sin conciencia de que esas actividades acabarían acarreándonos graves consecuencias.
Ahora, sin embargo, ya sabemos que por aquellas acciones y por aquellos logros, se alteró gravemente ese equilibrio. Empezó el deterioro de las aguas de los ríos y mares, a secarse las fuentes, a envenenarse el aire, a desaparecer enormes masas boscosas. Todo esto perturba el equilibrio natural de Gaia, y el efecto se multiplica por ciertas actividades humanas contaminantes y desestabilizadoras, ocasionando lo que hemos convenido en llamar cambio climático.
La Fundación + árboles surge en este contexto y ante esta preocupación concreta, desde la que hemos asistido a la deforestación de prácticamente la mitad de todos los espacios arbóreos del Planeta en los últimos ochenta años, con el consiguiente avance de los desiertos. Junto a ello, el desconocimiento o negación de los valores, servicios y usos ambientales del árbol y del bosque, nos ha llevado a una situación sin precedentes con tasas elevadas de desaparición de nuestros árboles y bosques esquilmados, tales que la comunidad científica avisa de que de las ciento diez mil especies conocidas –unas dieciocho mil en la Península Ibérica–, la mitad corren serio peligro de extinción. Esta pérdida de biodiversidad conllevaría un enorme coste económico directo, aumentado indirectamente por numerosos desequilibrios ecológicos casi irreversibles. Hoy ya sabemos, de forma empírica, la relación incontestable del árbol con la transmisión de la vida y su profundo vínculo con el agua, el territorio y la sociedad.
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